(vuelvo a escribir en un buen tiempo, con el propósito firme de seguir haciendo de esta mi bitácora de reflexiones y momentos)
El viejo debate entre determinismo (destino) y libre albedrío, lamentablemente casi siempre ha sido acometido como si ambas posiciones fueran mutuamente excluyentes. Yo pienso que no lo son. De hecho, creo tener sólidos argumentos a favor de mi posición. Sin más preámbulos, ahí va:
El universo es vibración, con la conciencia humana (el self-awareness) como forma visible más elevada en la evolución de la célula al arcángel (del Alfa al Omega de la conciencia), parafraseando a Telhard de Chardin. Con cada salto evolutivo, los seres son más capaces de actuar con propósito que sólo tener comportamientos que responden a estímulos. La autoconciencia, o conciencia de sí mismo, es lo que caracteriza al ser humano. Éste posee conciencia volitiva (puede elegir qué observar o sobre qué reflexionar) entre otras cosas. Esto nos permite interactuar con un universo vibratorio en formas que otras especies no pueden. Esto viene a un alto costo, sin duda: un bebé humano no sabría ubicar fuentes de alimento con el olfato o sus instintos en medio de Tokyo o Londres, como sí lo hace un gato o un perro (por mencionar especies posiblemente más adaptadas a entornos urbanos). Esa ausencia de instintos y reactividad innata, se ve más que compensada por la conciencia volitiva. Y es sobre ésta última que vamos a enfocar nuestra atención.
La metáfora es la siguiente: un marinero, si tiene pocas destrezas, se verá siempre como víctima de las olas, corrientes y el viento. Con un aumento de sus capacidades, el dominio de su embarcación o incluso mejoras a la misma, el marinero va tomando cada vez más control del curso de su travesía. El viento, las olas y las corrientes son factores igual de reales que antes, pero muchísimo más manejables e incluso circunvalables.
Si habláramos de un nadador, podríamos decir que salió de donde las corrientes submarinas le acarreaban, a la superficie, donde él decide mucho más su propio destino. Tal vez algún día pueda caminar sobre el agua.
La suerte, el azar, la genética, la herencia (de fortuna o de conocimientos/valores) y algunos otros factores, son ciertamente co-determinantes de nuestro destino. Puede que existan grandes fuerzas universales, energías que impacten la siquis humana al nacer o durante toda la vida. Sin duda, son como las corrientes, las olas y el viento. Sin embargo, el timón siempre ha estado en nuestras manos.
La clave de mi propuesta, es que a mayor nivel de autoconciencia, menos está uno predeterminado o predestinado, y más puede uno escapar a las cadenas del karma, el condicionamiento social, la genética y -quién sabe- los astros. Por eso los Templos de Misterios en la antigua Grecia decían "Hombre, conocete a tí mismo". Es el camino de liberación que nos proponen los maestros desde hace milenios. A más comprensión, más herramientas.
Específicamente me quiero referir hoy, para que esto no quede en una reflexión que aunque válida puede desembocar en un necio confort, a dos técnicas o herramientas de viejo cuño, que no son las únicas pero si decididamente eficaces en la senda de volvernos nuestro propio timonel.
Los mudras
Posiciones de manos y brazos, con respiración. Una subcategoría del yoga (yoga significa unión, y existen varios yoga, no sólo el hatha yoga que es tan común ya en Occidente; existe el gnagni yoga o camino del conocimiento, el mantram yoga o yoga de la palabra sagrada, el kriya yoga o yoga de la autorrealización, y al menos 5 sendas más, según sus técnicas y énfasis) que enseña cómo utilizar las 72.000 corrientes energéticas existentes en el cuerpo. Y ojo, son los mismos puntos -los más notorios al menos- que la OMS (Organización Mundial de la Salud) reconoce de valor en la acupuntura. Estas corrientes viajan por canales que en condiciones ideales deberían estar desbloqueados. Sin embargo, cada cultura tiene sus propias represiones (de ahí la sombra de Carl Jung, como faceta de nosotros donde se acumula lo reprimido, por eso la Gestalt habla de fragmentación) y cada persona tiene hábitos mentales, nutricionales y emocionales distintos. Sabrina Mesko, una ex danzante eslava, pasó muchos años estudiando con varios maestros y escribió un libro llamado simplemente "Healing Mudras". Son decenas de posiciones de dedos y manos que desbloquean aspectos muy específicos (somos un microcosmos, a imagen y semejanza) de nosotros, que están relacionados también con corrientes muy específicas. Puede sonar demasiado mundano o instrumental, pero existe un mudra para la alegría, uno para curar la depresión, otro para la confianza, otro para integrar la sombra Junguiana (inconsciente) a nuestro ser, otro para tener más energía durante todo el día, etc. Se trata de crear nuevas tendencias o pautas dentro de nosotros, tomando el timón unos minutos al día.
The Secret
Hermes Trismegistro (tres veces grande: tres veces "maestro" o "magistral") conocido así por los griegos, como Toth el Atlante por los egipcios y como Mercurio por los romanos, escribió "La Tabla Esmeralda", un clásico de la filosofía...hermética (de Hermes).
En ese documento se señalaban principios universales muy sencillos. Sin embargo, no se trataba de filosofía especulativa, si no de un carácter eminentemente práctico. Los principios ahí expuestos pueden ponerse en práctica desde el primer momento. El problema está en saber a qué corresponden en la vida real. Como nos decía un instructor en un curso brevísimo de Feng Shui: "Van a saber hacer Feng Shui más allá de la receta, cuando hayan leido el I-Ching y sepan a qué situación o fenómeno corresponde cada descripción del libro". De la misma forma, los principios de "La Tabla Esmeralda" son de intuición de tal vez todos nosotros, pero a qué corresponden y cómo usarlos no es algo que se halle tan fácilmente. Ante el cinismo devenido filosofía pesimista, existencialismo inoperante y snobismo intelectual, cabe preguntarse si la felicidad no estará en la aplicación de sencillos principios, más propios de un libro de autoayuda como los de Paulo Coelho o Anthony de Mello (después de todo, los grandes maestros de la historia siempre usaron parábolas y cuentos para trasmitir grandes principios) que de un tratado de filosofía para filósofos por otro lado que, en el otro polo de la complejidad y el lenguaje rebuscado, jamás los llegará a atisbar. Se le escaparán por "simplones", de la misma manera en que los fariseos jamás reconocerían a un hombre espiritual, ni el Papa de Roma podría reconocer a Jesús en una reunión social. Como dice mi buen amigo -y a la postre, sicologo transpersonal y estudioso de estos temas- Julio Guijarro: "Si todo lo que sabes no te sirve para ser feliz, nada sabes".
The Secret puede pasar por un embuste, pero simplemente pone en sencillo y sencillamente motivador, ese principio hermético llamado "La ley de Atracción", que escucho a mucha gente intuir a diario y no saber necesariamente cómo aprovechar. Click aquí para el video que comparto, arriesgando la credibilidad en el mundo snob de los intelectuales de cafetín, donde una reflexión sobre el a priori sintético de Kant vale a veces más que una sonrisa.
Desde Cumbayá, en la esquina del mundo.
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